¿Se puede producir orgánico en Argentina?
Productores de soja, maíz, leche y ganadería compartieron sus experiencias en la Facultad de Agronomía de la UBA, en el marco de “MAPO en la UNI”. El encuentro puso en debate los desafíos y las oportunidades de la producción orgánica y destacó el papel de la articulación entre productores, universidades y consumidores.
¿Es posible producir orgánico en la Argentina? La experiencia de productores de distintas regiones del país muestra que sí. Ese fue el eje del conversatorio “MAPO en la UNI”, realizado el 11 de septiembre en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), con la participación de referentes de cuatro producciones: soja, maíz, leche y ganadería.
La actividad fue organizada junto con el Movimiento Argentino para la Producción Orgánica (MAPO) y reunió a productores, estudiantes, docentes, investigadores y profesionales vinculados con el sector. El encuentro buscó poner en común experiencias concretas, intercambiar conocimientos y abordar los desafíos que enfrenta esta actividad en el país.
Durante la jornada expusieron Germán Darico, productor de soja de Elena, Córdoba; Enrico Cresta, productor de maíz de Alejandro Roca, Córdoba; Diego Pipino, productor e investigador en producción de leche; y Marcelo Frías, productor vinculado con la ganadería y la conservación de la biodiversidad.
Las experiencias presentadas permitieron mostrar la diversidad del sector y algunas de las estrategias desarrolladas para producir bajo estos sistemas. Entre ellas se abordaron tecnologías para el control mecánico de malezas en soja, el manejo de cultivos y suelos, la producción de leche con criterios de sanidad, nutrición y bienestar animal y la integración entre ganadería, producción sustentable y conservación de ambientes naturales.
A su vez, Mariana Munner, médica especialista en Nutrición, docente de la cátedra de Nutrición de la Facultad de Medicina de la UBA y Técnica en Producción Vegetal Orgánica egresada de la FAUBA, y Andrés Dolinko, Doctor en Física, profesor asociado a cargo de la cátedra de Física de la FAUBA e investigador adjunto del CONICET, presentaron el BOCS (Biosensor Optoelectrónico de Calidad de Semillas). Se trata de un dispositivo que permite diagnosticar, directamente en el establecimiento productivo, la calidad de las semillas en términos de viabilidad, vigor y humedad, y que constituye una herramienta de interés para los productores orgánicos.
Durante la apertura del evento, la decana de la FAUBA, Adriana Rodríguez, destacó el compromiso de la Facultad con la actividad y el vínculo entre la universidad y el sector productivo. “Aprendemos juntos, aprendemos de los productores, y los investigadores, a su vez, vamos interactuando, transmitiéndonos experiencias y conocimientos”, señaló.
Rodríguez también resaltó el recorrido de la Tecnicatura Universitaria en Producción Vegetal Orgánica, que cuenta con más de 20 años de trayectoria. Según explicó, durante ese período se fueron incorporando docentes, investigadores y estudiantes a una disciplina que busca aportar conocimiento científico a una alternativa productiva con implicancias en la conservación ambiental y la calidad de los alimentos.
La decana destacó además el trabajo realizado desde la Facultad para fortalecer la formación profesional en el sector. En este sentido, mencionó el reconocimiento de los graduados de la carrera como inspectores e integrantes de las entidades certificadoras dentro del marco normativo nacional, logrado a partir de gestiones realizadas desde la institución.
“Es difícil producir orgánico en Argentina, pero no es imposible”, remarcó la presidenta de MAPO, María Eugenia Martina, y subrayó la importancia de acercar las experiencias de los productores a las universidades y ampliar el conocimiento sobre esta forma de producción.
“Necesitamos contar que sí se puede producir orgánico en Argentina. Esto no es de hace un año, sino de hace muchos años”, afirmó durante el encuentro.
Martina destacó la necesidad de fortalecer el trabajo conjunto con el Estado y las Universidades. También llamó la atención sobre la diversidad de actividades que forman parte del sector. “Son cuatro producciones muy fuertes de nuestro país, que demuestran que producir orgánico no es sólo para producir tomates”.
Para la presidenta de MAPO, el desarrollo de la actividad también requiere fortalecer el mercado interno. En ese sentido, planteó la importancia de que los consumidores incorporen productos orgánicos: “Si desaparece el producto, desaparece toda la cadena”.
El encuentro también permitió poner en valor el vínculo entre la formación universitaria y el sector productivo. Alejandra de los Ríos, directora de la Tecnicatura Universitaria en Producción Vegetal Orgánica de la FAUBA, destacó la participación de estudiantes de la carrera durante este año en actividades organizadas por MAPO, entre ellas el primer MAPO Joven realizado en Catamarca.
El conversatorio cerró así con una idea común entre productores y referentes académicos: la producción orgánica tiene experiencias concretas en distintas regiones y actividades del país, pero su crecimiento requiere conocimiento, formación, articulación institucional y un mercado que la acompañe.
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